sábado, 25 de noviembre de 2006

The prestige


Abracadabra, patas de cabra, que aquí viene Nolan, y todos se callan

Algo que siempre he encontrado particular del cine de Christopher Nolan es su forma de narrar las historias. A diferencia de la mayoría de directores que hoy por hoy filman en los eeuu, Nolan cuenta sus historias de forma compleja, usando técnicas narrativas que exigen al espectador algo de trabajo a la hora de visionar la película. Como si se tratara de la vida de una persona, The Prestige no es una historia lineal, sino que se va armando en base a los datos que vamos sabiendo progresivamente. El director inglés nos presenta una historia fragmentada, y además narrada en tres tiempos diferentes, en relación directa a las primeras líneas de la película, dichas por Michael Caine, en su segunda colaboración con Nolan, después de esa joya-maravilla-nirvana cinematográfico llamado Batman Begins.

El argumento es original, o al menos, este humilde espectador no había visto una película con temática similar antes: dos magos, o mejor dicho, ilusionistas, de principios del siglo pasado se enfrentan en un duelo de talentos y egos (que los artistas son baterías de ego, que va) que pasa rápidamente de ser una simple rivalidad profesional, con tintes de choque de caracteres, a convertirse en un enfrentamiento fraticida.

Así, los émulos de Houdini son en esta ocasión Christian “Yo Soy Batman” Bale y Hugo “Wolvi” Jackman, como Alfred Borden y Robert Angier respectivamente. El primero, talentoso e impetuoso; el segundo mas conservador y ambicioso. Lo que Borden desborda en ingenio, Angier lo tiene en talento escénico. Dos personajes que parten como compañeros de trabajo, para después transformarse en enemigos acérrimos, envueltos en un mortal y trágico juego de traiciones y engaños, para demostrar quien el mejor mago.

Ya dije que el tema, al menos para mi, resultaba sumamente novedoso, e interesante. Deben haber más, pero es la primera película que veo retratar todo ese mundo del boudeville victoriano, en donde la naciente ciencia moderna aún no estaba introducida a la sociedad como lo esta ahora, y servía para asombrar a las masas con trucos, en donde dicha ciencia, y la habilidad teatral propia de los ilusionistas, generaban simplemente, magia.

Lo temas habituales de Nolan se dejan ver por toda la película. Personajes sombríos, con serios problemas de identidad, y fragmentados, como la narración de la película. Sólo al final entendemos quienes son realmente Borden y Angier, y podemos tomar partido. Si en un truco de magia, que se divide en tres actos, “el prestigio” es la parte final, donde se da el asombro, el truco es realizado y el engaño esta completo, en la película de Nolan, este prestigio es el acto final, en donde salen los verdaderos Borden y Angier del sombrero, y los vemos tal cual son, tras el velo de mentiras y obsesiones en el que se envuelven durante todo el film.

Recomendable, como es siempre recomendable en cine de Nolan. No es una película fácil, no es una pachorrada simplona, es compleja, oscura y hasta macabra, como el truco de la desaparición de la jaula, que sirve de analogía perfecta a todo lo que pasa en esta película redonda.

No pongo el punto final antes de decir que…

-Es un placer ver a David Bowie en el cine. Es un placer verlo como Nicola Tesla. Es condenamente justo que se le rinda este pequeño homenaje a un hombre que perfectamente pudo haber cambiado al mundo (y lo hizo en parte), y que es injustamente olvidado por los libros de historia. Cuando grande quiero ser como Tesla

-Ver a Scarlet Johansonn es…un orgasmo, directamente

Me ven?....ahora no me ven….